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El pleno de la Comisión Federal de Competencia (CFC) dio a conocer, el martes 7 de febrero, que negó la autorización para la concentración entre el Grupo Televisa y la compañía Iusacell (que pertenece a Grupos Salinas, al cual también pertenece TV Azteca), por considerar, y cito textualmente, que dicha fusión “disminuye, daña o impide la competencia y la libre concurrencia en televisión abierta, pero sería benéfica en telecomunicaciones”, tal y como lo han señalado (y me refiero al hecho de que la mentada fusión sería benéfica, ya que le generaría más competencia a Telcel de Carlos Slim), los expertos en la materia.

La consecuencia de la decisión de la CFC será evitar, en perjuicio de los consumidores, más competencia en el campo de la telefonía celular, porque se sospecha que, de darse la fusión Televisa – Iusacell, ello daría como resultado menos competencia en el campo de la televisión abierta. Lo primero, que no habrá más competencia en el campo de la telefonía celular, es un hecho; lo segundo, que de darse la fusión Televisa –Iusacell habría menos competencia en el campo de la televisión abierta, no pasa de ser una especulación, por demás realista, cierto, pero especulación al final de cuentas. Llegados a este punto es el momento de hacer la siguiente pregunta: Ricardo Salinas Pliego y Emilio Azcárraga Jean, dado el caso, ¿necesitan de la fusión Televisa – Iusacell para “ponerse de acuerdo” y limitar, en beneficio de ellos y en perjuicio de los consumidores, desde anunciantes hasta televidentes, la competencia entre ellos en el campo de la televisión abierta?
 
Sirva el caso Televisa – Iusacell para apuntar que la mejor manera de alcanzar la mayor competencia posible, en todos los sectores de la actividad económica, y en todos los mercados de la economía, no es con el gobierno decidiendo quién sí, y quién no, puede participar en este mercado o en aquel sector, sino permitiendo que todo aquel, nacional o extranjero, que quiera participar, lo haga, cumpliéndose una sola condición: que nadie reciba algún privilegio del gobierno (apoyo, protección, subsidio, exención tributaria, concesión excluyente, etc.), algo que en México brilla por su ausencia, comenzando por la muestra más conspicua de ello: los monopolios del gobierno que, por arte y magia de la manipulación de las palabras en el artículo 28 constitucional, ¡¡¡no son monopolios!!!
 
Lo anterior quiere decir que a los señores Ricardo Salinas Pliego y Emilio Azcárraga Jean, ¡y a cualquier otro, nacional o extranjero, que quiera y pueda!, se les debe, no dar el permiso para, sino reconocer el derecho de, participar en el campo de la telefonía, de la misma manera que al señor Carlos Slim Helú, ¡y a cualquier otro, mexicano o foráneo, que quiera y pueda!, se le debe, no conceder licencia para, sino reconocer el derecho de, participar en el campo de la televisión abierta.
 
La negativa a la fusión Televisa – Iusacell es una buena muestra del porqué, en materia de libertad económica, la calificación de México es 6.5 sobre 10.
 
ARTURO DAMM ARNAL *Economista Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. En Twitter: @ArturoDammArnal

Fuente: www.mundoejecutivo.mx

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