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Constatar el dinamismo de la industria relojera se torna interesante cuando encontramos firmas que, con apenas unos cuantos años de existencia, aportan creatividad a un círculo donde, a veces, pareciera que todo está dicho.

 

En estas páginas hemos presentado piezas salidas de talleres con más de un siglo de actividad. Sin embargo, la historia de Paul Picot es diferente.

 
Se trata del esfuerzo individual de Mario Boiocchi, quien en 1976, durante la revolución de los relojes electrónicos, decidió instalar en Le Noirmont, Suiza, un refugio para la relojería tradicional, y tomó el nombre de un relojero del siglo XVIII como estandarte.

De este modo creó lo que hoy es una de las firmas más jóvenes dentro del sector relojero de lujo. “Tomé como inspiración a Picot porque fue un relojero que fabricaba sus relojes enteramente a mano, y se tomaba el tiempo para decorar la mayoría de las piezas antes de ensamblarlas, para finalmente grabar su firma sobre la pieza. En aquel momento yo tenía la impresión de que, a menos que reaccionara, todo aquello en lo que recreaba la mirada cuando era niño estaba destinado a desaparecer”, comenta Boiocchi, quien se mantiene hasta ahora como director de Paul Picot.

LA NOBLEZA DEL ATELIER TOURBILLON Mientras buena parte de la industria relojera suiza comprometía sus valores para adaptarse a la producción en serie, Boiocchi optó por un camino diferente: lanzar al mercado relojes con cajas de oro y calibres intrincados en su interior. Logró crear una reputación sólida apegándose a su lema: “La nobleza se encuentra en el detalle”. En gran medida, su reputación se sustenta en la colección Atelier, por lo que la elección evidente era presentar, en la más reciente edición de la feria de la relojería en Basilea, el primero de sus relojes tourbillon.

El Atelier Tourbillon fija el tono de las ambiciones de Paul Picot y marca también el principio de la renovación de la línea Atelier. El punto sobresaliente de este reloj es cómo lograron darle identidad. Estamos acostumbrados a ver el mecanismo tourbillon en la posición de las seis, de las 12 o incluso en el centro, pero en este caso lo colocaron a las nueve, una maniobra sencilla que, más allá de alejarlo del primer plano, abre un espacio para dos indicadores retrógrados, uno para el calendario y otro para la reserva de marcha, colocados de tal manera que todo el conjunto logra un balance triangular. La caja tiene un diámetro de 42 milímetros y es impermeable hasta 50 metros de profundidad en el agua.

La carátula es también una primicia, porque sobre ella se mira por primera vez el decorado exclusivo que han bautizado como Côtes visantes, mismo que se repite sobre las platinas y se puede apreciar gracias a la tapa de cristal de zafiro. La versión en oro blanco del Atelier Tourbillon se encuentra disponible en una edición limitada a 25 piezas, con un detalle original y agradable: se presenta en un estuche de madera con trabajo de marquetería que, mediante una cubierta, se puede transformar en un tablero de ajedrez o backgammon.

Fuente: Revista Platino

altonivel.com.mx