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Siemens sufrió una crisis de compliance en el 2006. Resulta que —el conglomerado que opera en los sectores industrial, energético, salud e infraestructuras— estuvo involucrado en actos de corrupción en países como Bangladesh, China, Venezuela, México, Rusia, Vietnam, Nigeria y Argentina.

Dicha crisis terminó con una multa de 450 millones de dólares del Departamento de Justicia estadounidense para limpiar su historial de cargos de cohecho y falsificación de libros contables y 350 mdd de la Securities and Exchange Commission.

Un trago amargo para la compañía. Sin embargo, la firma alemana no se resignó y decidió tomar cartas en el asunto. Siemens decidió reforzar sus reglamentos y su código de conducta, cuyos principios aplica a quienes actúan en nombre de la organización, proveedores y socios comerciales. También desarrolló un sistema de prevención, detección y respuesta ante actos de corrupción, cuyo equipo está formado por cientos de personas. Además, en 2009 Siemens se comprometió con el Banco Mundial a donar 100 mdd durante los siguientes 15 años a programas anticorrupción. Una respuesta tan grande como la crisis que sufrió.

“Hoy en día la empresa ha ganado esta guerra contra la corrupción, pues han puesto en marcha el sistema de compliance, el cual incluye control e investigación”, afirma Klaus Moosmayer, representante global de Compliance de Siemens. “Para Siemens, la ética, integridad y transparencia es parte fundamental de su ADN. Hemos aprendido mucho en el camino y formado una estructura muy sólida en materia de compliance”.

Pero asegura que esa es sólo la primera fase y que, para tener un sistema sustentable, eso no es suficiente. “Porque la gente se cansa cuando se trata de un control”, menciona. “El reto es cambiar ese control por valores en la empresa, por llegar a sus corazones”.

Y parte de la estrategia para lograrlo es el dialogo con los empleados, dónde preguntan sus necesidades y sus preocupaciones. Además, se centran en investigar los nuevos riesgos en los negocios. Pues ese mundo cambia año con año. “Tenemos que conocer los riesgos y actuar, tratamos de estar un paso adelante en los negocios nuevos y los mercados nuevos”, menciona.

Pero no es cosa fácil, pues Siemens tiene más de 400 mil empleados alrededor del mundo. En este aspecto, Moosmayer menciona que la confianza de su gente en los países donde tiene presencia es esencial para atacar los actos de corrupción. Pues ellos conocen la cultura y cómo funciona la región.

“Tenemos reglas que funcionan a nivel internacional, pero ellos tienen la libertad de hacerlo distinto para llegar a los corazones de los empleados.”, dice. “Pues la gente y su conocimiento de la cultura es el valor más importante que tenemos en esta materia”.

De esta forma han realizado un sistema de intercambio de ideas que les ayuda a entender qué funciona en una país y qué no. Incluso, estrategias han mudado de región gracias a los resultados en otros lugares.

“Las lecciones aprendidas y las mejores prácticas pueden ser útiles para todas las empresas: tanto mexicanas como extranjeras, pequeñas, medianas o internacionales” concluye.

Fuente: www.mundoejecutivo.com.mx / Luis Cuéllar